Qué hace falta: 

Lentejas (“puñao” y pico por persona), chorizo, morcilla, 30 g. de panceta, un hueso de jamón, costillas adobadas, un tomate, cuatro zanahorias medianitas, una hoja de laurel, media cebolla, pimentón picante, o dulce, o de los dos, sal y pimienta, aceite, una olla, espumadera, cuchara de madera.

Cómo se hace: 

Primero lava las lentejas. Ahora apenas si traen piedras, y mucho menos bichos; pero no está de más darles un agua. Después las pones a remojo una media hora.

Yo siempre uso lentejas pardinas ¿por qué? No sé, para decirlo supongo - “yo siempre uso lentejas pardinas ¿sabes?” - Me hace sentirme importante.

A lo que iba. Mientras las lentejas se remojan, pela y parte las zanahorias en rodajas y ponlas a hervir con la olla tapada, para acabar antes.

(Esto tarda un rato. Te da tiempo a hacer las camas. )

Cuando las zanahorias estén tiernas echa las lentejas, el tomate, la hoja de laurel, un poco de sal, el hueso de jamón, el chorizo, las costillas y la panceta.

Esto… olvidé decirte que el chorizo y demás avíos hay que cocerlos por separado antes de echarlos a las lentejas, mayormente para quitarles la pringue que de natural traen. Si los cueces todos juntos te sale jabón. Para saber el tiempo de cocción debes aplicar la siguiente fórmula: “+ rato = - pringue”.

Volvamos con las lentejas. Tenemos en la olla todos los ingredientes menos la cebolla y la morcilla ¿vale? Vale. Cubrimos con agua y lo ponemos a hervir. 

Calcula una hora más o menos a partir del primer hervor y vigila el guiso de vez en cuando, que no le falte agua que se pegan. (Te da tiempo a hacer el salón y los baños.) Durante el hervor observarás como se forma en la superficie de las lentejas una espumilla de un color sospechosamente marrón. Elimínala, sin miedo. Es lo que estas imaginando.

Al cabo de una hora comprueba que las lentejas están blanditas, echa la morcilla y retíralas del fuego. Pica la media cebolla muy menudita ¡y no llores, “joe”, que no es “pa” tanto!

Fríe la cebolla a fuego lento hasta que se ponga transparente. En ese instante aparta la cebolla del fuego y echa media cucharadita de pimentón dulce, o picante, o de los dos: al final te lo vas a comer tú, así que ponlo a tu gusto. Revuélvelo todo fuera del fuego y añádeselo a las lentejas. 

Pruébalas, si están sosas échale sal y si están saladas échales leche. Y ya está ¿ves que fácil? Has preparado unas lentejas de muerte… Sobre todo si tienes colesterol.

Bueno y para hoy apáñate otra cosa, que las lentejas están mejor de un día “pa” otro.

¡Ah, y no olvides fregar los cacharros!

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