Es momento de revelaciones. La banca mundial confiesa que las reservas que custodiaban en sus cámaras acorazadas se componen de billetes del Monopoli. Yo, que me tiño el pelo.
Es cierto, no soy rubio; pero este color disimula mejor las canas. La alternativa era ese moreno azabache tan poco natural que llevan los modelos de productos capilares.
En realidad es un secreto a medias: mi madre sabe que no soy rubio, mi mujer también; mis hijas no están tan seguras, solo me hablan para pedirme la paga, y eso lo saben hacer sin dejar de mirar la tele.
¿Por qué he esperado tanto? Sin duda por la edad. Aunque no aparento más de treinta y nueve la realidad es que he cumplido los cuarenta hace un par de meses y desde entonces he notado que algo ha cambiado.
Para mis relaciones sociales soy un hombre nuevo, ese rubio madurito tan mono, me llaman.
Siento una preocupación nueva por todo lo relacionado con mi aspecto, y no solo por el color de mi pelo o las cada día más pronunciadas entradas que están acabando con mis aladares.
Le he declarado la guerra a las patas de gallo y todos los días me aplico una crema especial para el rostro que retensa los tejidos y elimina las arrugas. Y debo confesar que funciona. En pocos días mi cara ha adquirido una expresión de sorpresa permanente y cada vez me cuesta más cerrar los párpados.
He decidido recuperar los abdominales que nunca tuve. Para ello, acudo al gimnasio con el entusiasmo de un adolescente; machaco mis bíceps y mis pectorales sin piedad durante cinco minutos de reloj y luego me paso media hora larga observándolos en los grandes espejos que cubren las paredes de la instalación. Hago el cruasán sin pudor o saco pecho y meto barriga con tanta aplicación que he llegado a desvanecerme en varias ocasiones por faltarme el aire. En el partidillo de los sábados lucho como si me fuera la vida en ello. Según mi cardiólogo así será si persisto en mi actitud.
¿Y a que se debe este comportamiento tan inmaduro? La respuesta es clara: indudablemente estoy afectado por la crisis, ¿la del capitalismo? No, más bien la de los cuarenta. He constatado que de forma lenta pero inexorable me acerco a mi futuro.
Así que antes de llegar a destino tengo que hacer todas las tonterías del manual: ahora es el momento de flirtear con jovencitas ignorando lo cutre que queda, vestirse como un adolescente “fashion victim” o dejarse una coleta color trigo dorado por el sol.
Te imaginas, con la chupa de cuero coleta al viento, “easy rider” a lomos de una Harley Panhead … escala 1:18. Sí, yo también guardaba mis ahorros en un banco.•
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