Un buen día, no hace mucho, me senté decidido frente al ordenador dispuesto a convertirme en un experto informático. Miré fijamente la pantalla, sin parpadear y permanecí así, inmóvil, desafiante, durante varios minutos, la mano convertida en una garra atenazando al ratón.
Cuando me empezaron a escocer los ojos llamé a mi hija de 12 años [...]