Un buen día, no hace mucho, me senté decidido frente al ordenador dispuesto a convertirme en un experto informático. Miré fijamente la pantalla, sin parpadear y permanecí así, inmóvil, desafiante, durante varios minutos, la mano convertida en una garra atenazando al ratón.
Cuando me empezaron a escocer los ojos llamé a mi hija de 12 años y con su ayuda conseguí recuperar la circulación en el brazo derecho que con la tensión se me había quedado dormido.
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Ha habido oposiciones en la SS.SS. Y han adjudicado las plazas a los médicos que han conseguido superar el examen…¡Eso se avisa, leches (mari-carmen)!
No que llega una al ambulatorio, en pleno estrés, corriendo, después de recoger a la niña en la guardería, de comer como los pavos, y de “volar bajo” con el carrito, como las locas para no perder ni un minuto, esperando encontrarte con la tranquilizadora sonrisa de tu pediatra “de toda la vida” (de la vida de la niña oye, que son dos años, ¡que hay relaciones que duran mucho menos!) Y ¡zas! te encuentras con un señor con bata blanca que te dice todo suavón “pasapasa…” Y mi niña arrastrándome de la mano que yo me quedaba atrás toda reticente, ¡a ver si no! Y es que esto de que te cambien de pediatra es peor que si te cambian de ginecólogo. ¡Yo, así lo estoy sintiendo!
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Mis disculpas: voy a darme un baño de autocomplacencia, de mimos para mi ego, de caricias para mis oídos. Y te invito a este “spa” de placer: déjate llevar por las palabras y reflexiones del artículo escrito por Andy Rooney, corresponsal de 60 Minutes CBS, y que llegó a mi buzón por esas cosas del azar internáutico.
(¡Gracias amig@, estas cositas sí que me gustan!) Disfrutadlo y pintad una sonrisa de orgullo en la cara… ¡Si puede ser de “rojo pasión”!
“Mientras maduro en edad, valoro a las mujeres que pasan de los 30 más que a todas. Aquí hay unas cuantas razones:
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Qué hace falta:
Arroz (1 taza por persona), 3 huevos (dos para freír y uno para batir), 1 plátano, 1 bote de tomate frito, 1 diente de ajo, sal, aceite de oliva, agua, una olla, una sartén, espumadera, cuchara de madera.
Cómo se hace:
Al hacer este plato, debes controlar muy bien los tiempos de cocinado de cada cosa para que todo esté listo cuando llegue tu invitada y no se lo coma frío. Primero ponemos el arroz y mientras se cuece preparamos el plátano. Los huevos los dejamos para el final, cuando los otros dos componentes de nuestra cena ya están listos, porque los huevos se enfrían antes. Mira, no los frías hasta que no oigas la puerta.
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