Me encanta “Lo que el viento se llevó”, lo debo confesar: me encanta y me encanta. Y Escarlata O´Hara ha sido una de mis heroínas. Ese genio, ese carácter, ese fru-fru de las enaguas pa ca y pa lla todo el rato… y ese dramatismo y ese Capitán Butler tan socarrón y con tanto mundo, pero tan enamorado el hombre, la verdad.

Yo esa película casi que me la se de memoria, no me avergüenza reconocerlo, y más de una vez me he sentido imbuida por el espíritu de Escarlata con aquella furia semi-latina que le entraba ante la injusticia y la opresión -porque ella, a la par que frívola que te cagas, era muy tremenda y muy contra el sistema a su manera- y me he sentido yo como una heroína a punto de decir “a Dios pongo por testigo…” y lo de “ya lo pensaré mañana” con la mirada perdida y llena de determinación novelera de “por la gloria del Tato que me salgo con la mía, ¡por qué yo lo valgo”!

Pues bien, el viernes me pasó una cosa que me elevó a protagonista estelar de la película de mis amores… aunque no de una de mis escenas favoritas, a qué engañarnos. Y es que una ya no es lo que era. Es triste reconocerlo, incluso tirando a patético, pero es que lo del viernes…. ¡Lo del viernes fue pa nota!
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